En estos días de desconfianza generalizada en nuestras instituciones y en nuestros políticos, surge razonablemente la pregunta de si estamos inmersos en una crisis sin salida, o tenemos herramientas y caminos para reencausar los anhelos de los ciudadanos y reconquistar su confianza. Quiero partir señalando que no creo que todos los políticos y todas las instituciones estén filtradas por la corrupción.

Enseguida, habrá que preguntarse si las señales dadas por los actores políticos han estado a la altura de las circunstancias, y es precisamente en este punto que uno observa las continuas equivocaciones y faltas de coherencia de la clase política, quienes en su gran mayoría, frente al ciudadano de a pie aparecen más preocupados de llegar a acuerdos a sus espaldas, lo que pone en duda la efectiva creencia en la democracia y el respeto por el soberano –el pueblo–. Este Chile del siglo XXI no se traga ni acepta más arreglines, por más que en aras de la estabilidad, la política de los acuerdos, la justicia en la medida de lo posible o las razones de Estado, seamos llamados a aceptar como corderos la imposición de quienes prefieren que nada cambie y seguir con sus privilegios.

Resulta difícil creerle a una clase política que, por ejemplo, defiende a los empresarios imputados por el “Caso Penta”, basta recordar los dichos del senador UDI por el Maule Sur, Hernán Larraín, quien hace un tiempo escribió a un medio de comunicación que los dueños de Penta son “gente íntegra y de bien”. Otro tanto ocurre con las desafortunadas declaraciones del senador DC por Maule Norte, Andrés Zaldívar, que van desde señalar que en los grandes acuerdos “No todo el mundo puede estar en la cocina”, hasta sus dichos hablando de los riesgos de un “gobierno de la muchedumbre”.

Este panorama que da cuenta de una clase política que se acomodó a la estructura dejada por la Dictadura, en donde hay un desapego a los ideales, en donde se creó un concubinato entre empresas y dirigencias, tiene solución; las enfermedades de la democracia, se combaten con más y mejor democracia, la confianza de los ciudadanos la recuperará la política en la medida que se convoque a éstos para tomar en sus manos el destino del país, y ello supone más que acuerdos cupulares entre cuatro paredes, el darnos un nuevo ordenamiento, una nueva Constitución, un nuevo pacto social, y de la manera más participativa y representativa posible, llamando a plebiscito y generando una Asamblea Constituyente. Parafraseando a un amigo, los ciudadanos preferimos un gobierno, una Constitución y un Chile de la muchedumbre, en lugar de un gobierno, una Constitución y un Chile de la pobredumbre.

Usted en las próximas elecciones votará por los que quieren seguir usufructuando de este sistema abusivo o elegirá y construirá junto a quienes quieren devolverle el poder a los ciudadanos? La decisión está en sus manos…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *